Primera incursión a Marruecos

Como buenos traileros que somos una visita a Marruecos es casi de obligado cumplimiento, un destino más que común entre los aficionados a lo marrón, que por algo será. Todos hemos leído mil crónicas, visto tropecientos vídeos y millones de fotos de gente que se va a hacer #ElCabra a las montañas de arena de nuestro país y continente vecino. Todos las hemos visto pero no sabes lo que son hasta que estás allí y lo vives por ti mismo.

En este caso fui con mi novia en busca de una nueva aventura, otra #AventuraEnPareja que ha sido de lo más emocionante, recomendable 100% y sobre todo más que asequible de precio ya que nos hemos gastado en total unos 250€ cada uno en 5 días.
El viaje comenzaba en Madrid el pasado miércoles de semana santa poniendo dirección sur por la via de la plata hasta Conil, con el coche, el remolque y la moto en lo alto.

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(La moto de mi hermano la llevé para otros menesteres que nada tuvieron que ver con Marruecos)

Una vez allí llegados a las 23:00 sin ninguna parada por el camino, dejamos el remolque y el coche en un garaje para hacer noche en el piso de mis suegros y poder salir a la mañana siguiente con las alforjas y el portabultos de la moto cargados.

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El Ferry salía a las 11:00 de Tarifa y volvía a llegar a las 11:00 a Tánger ya que allí (como en Canarias) es una hora menos. El viaje en barco fue de lo más movidito y con varios retortijones de barriga, que una vez sacamos la moto del Ferry se nos pasó todo.

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Cruzar la aduana es una odisea en la que no me voy a entretener, pero resulta que cruzar Tánger también lo es. Está todo en obras, la circulación es peor que en Madrid en hora punta y la gente es un poco menos civilizada al volante que en España, tanto es así que no llevábamos ni 5 minutos circulando cuando vimos como un motorista se tragaba a un ciclista cayendo los dos al suelo.

Habiendo salido ya del bullicio de la ciudad tomamos la nacional 2 camino de Chefchauen o Chauen (El Aiún) como lo llamaban antes… o… ahora o no se de que depende su nombre. Un pueblecito de lo más turístico conocido por sus paredes azules y por la venta de Hachís, de lo más pintoresco y en el que paramos para recorrer sus calles y tomarnos una cocacola (ya que la cerveza está terminantemente prohibida).

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Dejamos la N2 para seguir por la N13 hasta llegar a Fez, ciudad en la que pasamos nuestra primera noche y en la que nos adentramos en su medina a la mañana siguiente. Allí coincidimos con un grupo de moteros que viajaban cada uno con su pareja y llevaban vacas como las nuestras, una 1200 nuevecita, dos Transalp con sus años y muy bien cuidadas y otra adventure R unos meses más moderna que la mía. Todos con ruedas de carretera y venían ya de vuelta habiendo hecho un recorrido muy parecido al que nosotros pretendíamos hacer.

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Madrugamos mucho ya que según el recorrido inicial que teníamos pensado, éste sería el día que más km nos esperaban siendo los 80 últimos de campo con algunos más entre medias. En total unos 500 km que tardaríamos 10 horas aproximadamente en hacer con sus correspondientes paradas entre medias. Nos tomamos la ruta con filosofía para poder parar a hacer alguna foto y no llegar excesivamente reventados. Nos llamó mucho la atención la cantidad de controles de velocidad que nos cruzamos en el camino, la cantidad de policía que simplemente controlaba quien entraba y salía de las ciudades, así como los puestos que montaba el ejército con ametralladoras y Hummer H1 o Nissan Patrol al margen de la carretera.

La ruta que compuse de numerosos tracks de wikiloc, comenzaba su tramo más campero de su segundo día en un pueblo que no recuerdo su nombre algo más al suroeste de Er-Rachidia llegando hasta Merzouga sin pisar más asfalto. Esto era así hasta que al atravesar ese pueblo se nos abalanzaron más de 30 niños con un gesto no muy amigable indicándonos por gestos que no debíamos atravesar dicho poblado. Como los niños en Marruecos son un tanto…. insistentes, decidí hacer caso omiso de sus indicaciones hasta que a esta pandilla se les sumó un grupo de mujeres que amablemente nos indicaban lo mismo. Al llegar a un punto del pueblo donde la ruta no estaba clara por donde continuaba, se nos acercó un hombre de avanzada edad ordenándonos que nos diésemos la vuelta y eso hicimos en busca de una alternativa que no encontramos ya que otro chaval se nos atravesó con su flamante “VESPINO” advirtiendo que sí o sí debíamos abandonar esa ruta para continuar hacia nuestro destino por otro lugar que no fuese por ahí. Después de discutir con Nora por donde continuar, decidimos no arriesgarnos más y llegar a Merzouga por carretera ya que sólo nos quedaba hora y media de luz. Al atravesar Er-Rachidia, preguntamos a unos policías el porqué de tomar esa alternativa que nos habían “obligado” la gente de ese pueblo (si es que se le puede llamar así debido a su reducido número de habitantes) y que aun no comprendíamos. Pero ellos tampoco tenían la respuesta.

Ya en Merzouga, la puerta del Sáhara, se nos acercó un amable moro ofreciéndonos un pack de cena, desayuno y noche en el desierto con excursión en camello por 90€ pero estando completamente solos, así que no lo pensamos y decidimos aceptar aun sabiendo que al día siguiente podríamos encontrarlo más barato. Decidimos hacerlo así porque de esta manera aprovecharíamos mejor el tiempo que justo era de lo que andábamos escasos. Ese fue después del ferry el gasto más cuantioso que tuvimos en todo el viaje. Tras la copiosa cena nos montamos en los dromedarios con hora y diez minutos por delante hasta llegar a las jaimas donde pasaríamos la noche. Un paseo de los más espectacular ya que íbamos completamente solos, sin ningún ruido y a la luz de la luna y las estrellas que iluminaban por completa las dunas en las que poco a poco nos íbamos adentrando. Ésta fue quizás la mejor experiencia de todo el viaje.

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Por la mañana y habiendo pasado frío por la noche, nos levantamos poco antes de las 6 de la mañana para subirnos en la duna más alta que nos rodeaba y así poder ver el amanecer desde todo lo alto. ¡E S P E C T A C U L A R también! La subida a la duna no fue moco de pavo, la bajada en cambio fue otra historia ya que aprovechamos para hacer un poco #ElCabra. No mucho tiempo más tarde empezamos a sudar del calor que pasamos, habiendo estado el día anterior a 6 grados cruzando el atlas. Es lo que tiene Marruecos.

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Llegados al campamento base, el albergue desde el que partimos en camello, no me pude resistir y le pedí a Nora que aguantase un rato mientras probaba la 990 por las dunas con las maletas y todo… ¡DIOSSSSSSSSSSSSSSSSSS! ¡QUE PAAASAAAAADAAAAA! Me sabía la teoría, había visto tutoriales de como pilotar en arena e incluso había recibido consejos de personas que ya lo habían hecho, pero hasta que no lo pruebas por ti mismo no sabes lo difícil que es. No obstante pensaba que se me iba a dar peor puesto que lo que más detesto en este mundo a la hora de coger la moto por el campo es la maldita arena. Lo de andar por las dunas es completamente distinto, las sensaciones son diferentes y la arena a ratos está dura y a ratos blanda y nunca sabes lo que te vas a encontrar. Esa es una de las cosas que la hacen tan divertida. Otra de las cosas que me llamó mucho la atención, es lo cansado que es. No se si es por mi falta de experiencia, porque soy un paquete o porque simplemente es más técnico, cansa una barbaridad. A los 5 minutos me iban a explotar los antebrazos. Lo único que se es que quiero repetir ¡YA!

Después de esta otra increíble experiencia, nos pusimos en marcha a las 10:30 de la mañana con el día más campero de todos por delante. Empezamos atravesando la parte dura del desierto hasta llegar a Erfoud. Desde allí comenzamos otra ruta que iba a la escalera y a la ciudad de Orion, monumentos que tenía muchas ganas de ver, pero que no pudimos porque a pesar de que la dificultad de la ruta según wikiloc era fácil, nos metimos en un arenal del que nos costó salir ya que los dos en la moto con las maletas y todo hace difícil la conducción en esas condiciones. Decidimos acceder a la ruta por el final haciendo un tramo de carretera para llegar hasta él, pero enseguida nos metimos en un río que era todo arena también. Casualmente otra de las rutas que me había descargado también pasaba por la ciudad de Orión, así que probamos esta otra para ver si conseguíamos verla, pero atravesaba el mismo rio de arena unos km más abajo, por lo que finalmente nos quedamos sin ver esta maravilla.

Seguimos la ruta original volviendo primero a Erfoud para enlazar con ésta. Este tramo que transcurría por unas pistas más sencillas y asequibles que pasaban por paisajes increíbles en los que paramos de vez en cuando para hacernos alguna foto, aunque sin entretenernos demasiado puesto que habíamos perdido la mañana entera y la vuelta hacia el norte se nos complicaba si no conseguíamos avanzar lo suficiente ese día.

Al terminar esta pista y otras igual de sencillas que vinieron después, enlazamos por carretera dirección oeste hasta Tinerhir, pueblo que está a entrada de las gargantas del Todra, un espectacular cañón rocoso donde escaladores de todo el mundo se ponen a prueba para conseguir ascender a la cima. La carretera de curvas transcurre paralela al rio de aguas cristalinas dejando a su lado paredes completamente verticales que llegan a los 100 metros de alto. Sin duda uno de los paisajes de Marruecos que desde mi punto de vista no te puedes perder. Esa noche nos dejamos recomendar por la guía Lonley Planet que llevábamos en la maleta y que nos propuso que fuésemos al hotel TUMBUCTÚ, que con mucha diferencia fue el mejor de todos los que estuvimos en Marruecos. Aquí aproveché para lavar los calcetines de moto en el plato de ducha y secarlos en los radiadores de la habitación que no creo que haga falta especificar porqué lo hice :S

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Esa noche, en el restaurante del hotel, coincidimos con una pareja de Maños que nos comentaron que les habían puesto 700 Dirham de multa por velocidad (70 euros) y que negociaron con los policías para rebajarla hasta 500. También nos comentaron que ellos eran moteros, pero que se habían alquilado un coche para recorrer Marruecos durante 10 días. Y conocimos también a dos malagueños encantadores que iban en una Tiger 800C y una BMW r1200 RS que nos contaron algunas de sus batallitas en Marruecos como las de su tercer amigo que viajaba con ellos en un adventure S y que se había olvidado del cumpleaños de su mujer, abandonándolos en su tercer día de ruta.

A la mañana siguiente tras un desayuno estupendo casi europeo, atravesamos las citadas gargantas, así como la del Dades, otro espectacular cañón rocoso que es casi tan espectacular como el anterior si no más aun. Aquí nos comentaron que había una ruta que va por el cauce de un río y que comunica las dos gargantas por una ruta casi endurera de 50 km que se tardaban 5 horas en completar. Mentira porque tardamos 3, aunque el ritmo era extremadamente lento. La ruta fue una pasada porque discurre por un rio seco que atraviesa otro cañón cuyo nombre no recuerdo, antes tiene una subida de curvas sinuosas por la que en numerosas ocasiones tenía que ir con los dos pies en el suelo puesto que la nieve dificultaba el camino así como no nos dejaba ver por donde continuaba el carril. A lo largo del recorrido nos cruzamos con muchos nómadas que vivían en las montañas cuidando de pequeños rebaños de cabras o de un par de mulos, que salían a recibirnos para intentar vendernos los típicos fósiles propios de la zona. El camino desembocaba en Msemir donde empalmaríamos con otra pista muy sencilla que empezaría a ascender por el atlas dejando atrás otros 50 km aproximadamente de piedras, polvo y nieve. Nieve que nos impidió seguir avanzando tras hora y pico de camino, obligándonos a deshacer lo andado y volver al punto de partida (Tinerhir), ya que todas las carreteras que ascendían por el Atlas estaban cortadas por el mismo motivo. Eran ya las 16:00 de la tarde cuando nos encontrábamos en el lugar donde había empezado el cuarto día de aventura por Marruecos. La cosa se nos complicaba porque nos quedaban aun 800 km para llegar a Tánger para coger el ferry de las 18:00 de la tarde del día siguiente (hora a la que teníamos reservada la vuelta) y las carreteras de este país africano no son como las españolas.

Ese día seguimos avanzando por las carreteras que ascendían hacia el norte y que teníamos certeza de que no estaban cortadas, hasta que la noche y el cansancio nos hicieron parar en Agoudal, un pequeño pueblo Berebere (que son los aunténticos indígenas de Marruecos) donde viviríamos otra de las mejores experiencias que nos ha deparado este viaje. Paramos en un hotel/albergue que tenía muy buena pinta y que antiguamente había sido una Kasbah, que no es otra cosa que una pequeña fortaleza que pertenecía al líder de la ciudad que solía ser una persona de familia pudiente y que servía para defenderse de posibles ataques por la altura de sus paredes y la escasez de ventanas. Actualmente si que tenía ventanas y los más pudientes de allí éramos nosotros siendo unos “mindundis” también. El trato que recibimos allí no pudo ser mejor, más servicial y más amable y desde luego el precio tampoco pudo ser más barato, 30€ ambos dos incluidos té de bienvenida con un tentempié, abundante cena y desayuno y el alojamiento en una amplia habitación con dos camas, mantas de sobra para no pasar frío y un baño con una ducha estupenda.

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Esa noche decidimos dar un paseo andando por el pueblo ya que nos había gustado mucho al pasar con la moto y esa fue otra de las magníficas experiencias del viaje. El poder mezclarnos con la gente de allí, ver como vivían y hablarnos de sus costumbres del día a día. Nada más salir del hotel, empezaron a juntarse niños (sin pedirnos nada) que nos acompañaban en nuestra caminata, conforme nos adentrábamos en el pueblo, se nos sumaban más niños al igual que algunos adultos. Nos mostraron los encantos de su pueblo, nos enseñaron algo del idioma y nos llevaron a su lugar típico de reuniones donde van a divertirse con un billar, una televisión y una gran sala donde poder sentarse. Allí estuvimos intercambiando opiniones sobre el fútbol español y de como adoran al Barça y a Messi. Luego nos llevaron a ver algunas de las boutiques de allí y por último nos dirigieron de vuelta al hotel, todo acompañado de un manto de estrellas que no podíamos parar de admirar ya que el pueblo a penas tenía ni una luz.

Dormimos genial allí, dormimos tan bien que a la mañana siguiente nos levantamos una hora más tarde de lo que teníamos programado. Iba a ser un día muy duro, sólo de asfalto pero con 650km esperándonos después de 4 intensos días en lo alto de la moto. Fuimos a buen ritmo pero sin correr e intentando hacer el menor número de paradas para intentar coger el ferry de las 18:00. Resultó que el desayuno de ese entrañable hotel no le sentó muy bien a Nora y tuvimos que parar varias veces para ver si recomponía su vientre sin mucho éxito. Empezaban ya a pesarnos las horas de moto, los días anteriores y las esperanzas de coger el ferry de las 18:00 poco a poco se desvanecían. Las paradas para descansar cada vez se hacían más frecuentes y la incertidumbre que teníamos horas antes por saber si llegaríamos a coger el barco de vuelta a España de las 6 de la tarde, ahora era por saber si llegaríamos al de las 22:00 de la noche que sería el último del día. La última parada para descansar donde yo aproveché para tomarme un té típico de allí y cargamos por última vez la moto de gasolina, fue en Arbaoua que estaba todavía a 150 km de Tanger si mal no recuerdo. Le advertí a Nora que esa sería la última parada puesto que no íbamos nada bien de hora ya que había que estar 45 minutos antes de que partiese el ferry en el puerto. En Larache cogimos la autopista que nos costó algo menos de 30 céntimos y ahí aproveché para estrujarle un poco la oreja a la Katy y dejar polvo atrás para poder así llegar a las 21:30 a Tánger y coger el ferry de las 22:00 que finalmente se retrasó y nos devolvió a Tarifa a la 1 de la madrugada.

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En este viaje marítimo esta vez nos mareamos menos. Llegados a Tarifa y con la moto ya pasada la aduana, nos quedaba casi una hora de viaje de nuevo hasta Conil, hora en la que sufrí más que todas las anteriores desde el maravilloso pueblo en el que dormimos la noche anterior hasta Tánger para coger el barco, debido al frío (que lo tenía metido en todos los huesos de mi cuerpo) y al cansancio acumulado de la Semana Santa tan intensa.

Cuando llegamos a Conil, ni siquiera guardé la moto en el garaje, ducha directo y a la cama. A la mañana siguiente tuve que despegarme los párpados con una espátula de lo que me costó despertarme. Luego tranquilamente cargué la moto en el remolque, equipaje en el maletero y vuelta despacito hasta Madrid, 700 km más por si no había sido suficiente todo lo anterior. En total han sido 2300 km de moto y 1400 más de coche (sin turnarme con nadie).

Para concluir, ha sido otro viaje excelente, muy intenso y como siempre en la mejor compañía ya que no todo el mundo puede presumir de compartir sus hobbies con la persona a la que ama. Sólo sé que quiero repetir cuanto antes ya que nos han quedado muuuuuuuchas cosas pendientes.

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Comments (5)

  • Novorider

    Magnifica crónica, muy bien contada y documentada con preciosas fotos.. Muchas envidia ! Gracias por compartir..

  • Ranex

    Vaya pasada de viaje Jalo, desde luego que tiene un mérito tremendo conducir tantos kilómetros en tan poco tiempo.
    Enhorabuena a ambos, porque ir de paquete también tiene tela.

    • cabras

      Muchas gracias por el comentario Ranex! El mérito de verdad lo tiene ella por aguantar de paquete tanto tiempo y sin rechistar. Sobre todo los tramos off que fueron complicados (pero a la vez divertidos).
      Gracias de nuevo y un saludo.

  • Mica

    Hola yo Viajé la semana pasada a Marruecos con tres amigas e hicimos el tour de 3 días por el desierto desde Marrakech. La experiencia con esta empresa Merzougacameltours.com fue fantástica, nos enseñaron unos lugares increíbles atravesando el Atlas y los pueblos de camino al desierto. Una vez allí, no os perdais la puesta de sol y el amanecer entre las dunas, realmente precioso!! por no hablar de las estrellas que se ven de noche, uno de los cielos más espectaculares que he visto en mi vida! Nuestro guía Mohamed se portó genial con nosotras, super responsable y atento en todo momento, nos hizo sentir como en casa, y toda la gente de la empresa encantadora y muy divertida!!!
    Recomiendo 100% vivir la experiencia con esta compañía! Si vuelvo a Marruecos sin duda lo haré con ellos!!!!

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